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Ford y el fracaso del “Big Red”, su mega-camión a turbina

Un súper transportador: así es como fue bautizado este bólido descomunal de Ford que no llegó a producirse en masa. Enterate por qué.

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No es un Mercedes-Benz. Tampoco un Scania o Volvo. Este prototipo de casi 30 metros de largo y 4 metros de alto fue diseñado nada más ni nada menos que por los ingenieros de Ford Motor Company. Lanzado en 1964, este “transportador” cambiaría para siempre todo lo visto en camiones tradicionales.

En primer lugar, se desprendía del clásico motor gasolero y montaba un inédito propulsor de turbina de gas de 600 caballos a 3.080 rpm que la propia Ford había diseñado para la Navy (la marina de los Estados Unidos). En segundo lugar, arrastraba dos remolques y, por último, pesaba en total unas 77 toneladas, kilaje que no le impidió al Big Red alcanzar una velocidad crucero de 115 km/h.

Después de que Ford mostrara el nuevo camión en la Exposición Universal de Nueva York, los ingenieros de la compañía partieron con él en un viaje por todo el país. Durante el recorrido, los mismos ingenieros quedaron gratamente sorprendidos no solo por el nivel de comodidad que brindaba el transportador en viajes largos, sino también por las prestaciones de las turbinas de gas. Eso sí: las mismas requerían 100 litros de combustible por cada 100 kilómetros. Al ver que tenía un tanque de 1.000 litros, el Big Red podía cubrir entre 900 y 1.000 kilómetros sin problemas.

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Ford Big Red, un diseño muy audaz

La cabina de Big Red estaba hecha de acero, y presentaba una forma inusual que se diseñó en función de los datos entregados por el túnel de viento. Aunque el fabricante no reveló su coeficiente aerodinámico, las propiedades aerodinámicas considerablemente mejoradas del camión aumentaron el rendimiento de conducción a velocidades más altas y, al mismo tiempo, redujeron significativamente el consumo medio de combustible. Además, el Big Red tenía suspensión neumática, una tecnología con la que los camiones de esa época solo podían soñar.

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Desde el primer boceto, Ford adoptó un enfoque diferente para este vehículo. Según los diseñadores, el camión tiene que servir al conductor y no al revés. Siguiendo este principio, el conductor del camión tenía que hacer solo un trabajo, pero también el más difícil: sentarse al volante y entregar la carga a tiempo.

Con el fin de crear un ambiente cómodo y libre de estrés, los diseñadores de Ford equiparon a este monstruo con puertas que se abrían y cerraban con solo presionar un botón (además de una escalera retráctil), así como un parabrisas panorámico que brindaba al conductor un excelente campo de visión. No le faltaba nada: ¿Mini nevera? A bordo. ¿Horno eléctrico? A bordo. ¿Agua fría y caliente? A bordo. ¿Baño? A bordo.

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Cuando el conductor abandonara su lugar de trabajo, podía ir a la parte trasera de la cabina, donde había un cómodo sillón y un televisor esperándolo. Básicamente, el conductor disponía de todas las comodidades cotidianas del hogar.

Como muchos proyectos de este tipo, el camión que una vez sorprendió al público se clasificó rápidamente entre los otros proyectos geniales que nadie realmente necesitaba. Los ejecutivos de Ford dijeron en varias ocasiones que les gustaría poner este camión en producción en masa, pero había tres problemas que les impedían hacerlo: nuevas regulaciones ambientales de EE. UU., enormes costos de producción y diferentes requisitos para las turbinas de gas en diferentes estados. Así fue que el Big Red pasó de ser un revolucionario a un simple sueño.

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