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Big Bud 747: el tractor más grande del mundo tiene un V16 diésel 2T de 1.100 hp y ara 24 hectáreas por hora

El corazón es un Detroit Diesel 16V92: dieciséis cilindros en dos bancadas, 92 pulgadas cúbicas por cilindro y unas 1.472 pulgadas cúbicas de cilindrada total, unos 24,1 litros.

El tractor más grande del mundo ara 4.000 m2 por minuto con su motor diésel 2T, 4.200 Nm d

Dieciséis explosiones por cada vuelta del cigüeñal y cuatro neumáticos de 2,4 metros de alto: con eso, los hermanos Williams removían pradera virgen en Roscoe, Montana, a razón de casi 24 hectáreas por hora. La máquina pesa unas 50 toneladas y necesitaba una cisterna entera para cargar combustible.

La ficha que rompe la escala de cualquier tractor conocido

El Big Bud 747, también llamado 16V-747, salió del taller de la Rossi Motor Company en Havre, Montana, y se entregó en 1977 a la granja de Robert y Randy Williams, en Roscoe. La firma, que se comercializaba como Big Bud Tractors, ya había armado modelos grandes antes (500, 600, 640, 650), pero el 747 fue el salto definitivo: no es un prototipo de feria ni un render, es una máquina que trabajó el campo durante años.

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La arquitectura es la de un articulado 4×4 de libro: el chasis se dobla al medio para doblar, en lugar de mover las ruedas delanteras. Es la configuración típica de la maquinaria agrícola pesada, y la única manera práctica de meter tanta goma y tanto apero en un vehículo que tiene que girar sobre sí mismo en la cabecera del lote.

Un V16 de dos tiempos que ya no se fabrica

El corazón es un Detroit Diesel 16V92: dieciséis cilindros en dos bancadas, 92 pulgadas cúbicas por cilindro y unas 1.472 pulgadas cúbicas de cilindrada total, unos 24,1 litros. Hasta acá, un motor grande. Lo exótico es el ciclo: es un diésel de dos tiempos.

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En un motor de cuatro tiempos, el ciclo completo (admisión, compresión, explosión, escape) necesita dos vueltas del cigüeñal. En uno de dos tiempos, la combustión ocurre en cada vuelta. El resultado es más potencia por litro de cilindrada, pero también más consumo, más temperatura y más emisiones, que es exactamente la razón por la que el dos tiempos diésel se extinguió de la maquinaria agrícola.

Para llenar esos cilindros, el 16V92 combina un soplador mecánico con un turbocompresor. El soplador garantiza aire desde el primer giro y el turbo aprovecha los gases de escape para soplar más fuerte cuando el motor ya está en carga. Los números de fábrica rondaban los 900 hp, y las versiones posteriores llegaron a unos 1.100 hp. El par motor se ubica en el orden de los 4.200 Nm.

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Vale la pena separar los dos conceptos, porque suelen confundirse. El par es fuerza de giro: es lo que le permite arrastrar un arado enorme a velocidad muy baja sin que el motor se achique. La potencia es trabajo por unidad de tiempo: es lo que le permite hacerlo rápido. Un tractor vive del primero y presume del segundo.

Cuatro gomas de 2,4 metros: los neumáticos agrícolas más grandes jamás montados

Cada una de las cuatro ruedas mide alrededor de 2,4 metros de alto, equivalentes a ocho pies. Siguen siendo los neumáticos más grandes fabricados para uso agrícola, y esa es una de las razones por las que el Big Bud es una de las máquinas más fotografiadas del mundo: al lado de una persona, la goma le pasa la cabeza por varios cuerpos.

El conjunto pesa del orden de las 50 toneladas. Eso explica por qué el 747 nunca fue un tractor para cualquier suelo: a ese peso, entrar en un lote húmedo es sinónimo de compactación profunda. El monstruo estaba pensado para praderas secas y extensas, donde el tamaño del apero compensaba todo lo demás.

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Y explica también el tanque: unos 3.785 litros de capacidad, es decir 1.000 galones. Cargarlo no se resuelve con un bidón ni con un surtidor de estación de servicio. Hace falta un camión cisterna al lado del lote.

Un acre por minuto: la cuenta que dimensiona la máquina

La métrica que realmente importa en el campo es la hectárea por hora, y ahí el 747 juega en otra categoría. Su capacidad de laboreo se estima en un acre por minuto.

Un acre equivale a unos 4.046 metros cuadrados. Eso da aproximadamente 4.000 m² por minuto, o sea unas 24 hectáreas por hora en condiciones ideales, con el apero adecuado y el suelo en el punto justo. Para ponerlo en perspectiva: es el equivalente a labrar un lote entero de tamaño medio en una sola jornada, sin relevos y sin bajar el ritmo.

El límite no era el motor sino el apero. Para que semejante potencia y semejante par se traduzcan en hectáreas, hace falta un arado de vertedera de ancho descomunal, y eso es un problema logístico tan grande como el tractor mismo: hay que transportarlo, engancharlo, repararlo y reemplazar sus rejas.

Por qué la industria abandonó la carrera por el tamaño

El Big Bud 747 es el caso límite de una idea que dominó la mecanización agrícola estadounidense de los años 70: más grande es mejor. Durante un tiempo, esa lógica funcionó. Después dejó de cerrar por todos lados.

El costo de mantenimiento de un dos tiempos de 24 litros es una barrera por sí sola. Sumale la logística de mover 50 toneladas y aperos gigantes entre lotes, la presión sobre el suelo, el consumo y, más tarde, las normas de emisiones, que directamente no dejaron lugar para el ciclo de dos tiempos. Los tractores grandes que se venden hoy, en el rango de los 600 a 800 hp, usan motores de cuatro tiempos, gestión electrónica y sistemas de tratamiento de gases de escape que en 1977 no existían ni como concepto.

La industria no eligió el tamaño: eligió la eficiencia. Y el 747 quedó como el fósil glorioso de la otra rama del camino.

De Roscoe, Montana, a la vitrina de un museo de Iowa

Durante décadas el tractor trabajó en la granja de los Williams. Cuando el costo de mantenerlo en marcha y el desinterés por ese tipo de labranza lo dejaron parado, quedó como pieza de exhibición. Un museo agrícola de Iowa lo adquirió y hoy es su atracción principal, con cartelería, público alrededor y visitas que se sacan fotos al pie de las ruedas.

Conviene decirlo sin vueltas: casi medio siglo después de su entrega, ningún tractor agrícola construido en serie igualó su tamaño, y muy pocos se acercan a esos 4.200 Nm de par. El Big Bud 747 no es una curiosidad de internet. Es el techo real de una categoría que la industria decidió no volver a intentar.