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Restauran un Volkswagen clásico que supo tener cuatro ejes y tracción con orugas

Luego de más de 55 años de su última unidad producida, uno de los Volkswagen más clásicos y especiales de la historia fue restaurado por profesionales.

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Solo dos Volkswagen tiene el título de ser verdaderos clásicos, ya que se produjeron hace más de 50 años y aún hay unidades de última generación rodando por las calles. Uno, sin dudas es el “auto del pueblo”, el Beetle (Escarabajo o Fusca); el otro la Kombi (Bulli) de la Serie T.

Para alegría de los fanáticos del modelo, este último tuvo una gran cantidad de versiones especiales, pero hay una que marcó la diferencia notablemente siendo que se produjeron muy pocas unidades oficiales bajo el concepto de todoterreno.

Denominada “Half-track Fox”, fue una versión distinta a todo lo conocido y la buena noticia es que los ingenieros de VWCV Classic Vehicles se encargaron de restauran por completo una unidad de esta configuración con cuatro ejes que se fabricó hace casi 60 años.

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Volkswagen Half-track Fox, la Kombi T1 con muchas ruedas para el off road

Conocido como “Maestro de los Picos”, la Kombi T1 se transformó, de la mano de un ingenioso mecánico vienés de Volkswagen , en un especialista alpino, con el objetivo de ayudar a los trabajadores de montaña, cazadores, silvicultores, médicos, ingenieros de remontes mecánicos y todo lo demás. Su diseño único de semioruga (algo similar a esta Toyota) significaba que se sentía igual de cómodo en arena, piedras, hierba, arroyos y bosques como en las pistas.

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Su creador Kurt Kretzner, un entusiasta esquiador, pasó cuatro años diseñando y construyendo el vehículo, tres de los cuales se registraron en 1968, cuando cesó la producción. Y la unidad que ves en esta nota es la única «Fox» que queda.

“Al principio miré a mi alrededor, pero no encontré el vehículo con el que soñaba. Entonces decidí construirlo yo mismo. El nuevo Half-track Fox, ideal y fácil de conducir, que te permite dominar con seguridad y comodidad todos los terrenos difíciles. En este vehículo se puede atravesar nieve, arena, terrenos pedregosos, prados de montaña, pequeños arroyos y bosques”, comenta Kretzner.

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Debajo de la exótica pintura naranja se encuentra un eje doble direccional con neumáticos dobles de 14 pulgadas de banda de rodadura rugosa en la parte delantera, gemelo con otro eje doble con transmisión por cadena en la parte trasera. Las cadenas van montadas sobre ruedas de 13 pulgadas y una construcción de diseño propio de Kretzner formada por elementos de aluminio con tacos de goma de dos centímetros de espesor para ahorrar el asfalto.

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Esto le dio al semioruga Fox un radio de giro de menos de 10 metros, lo que significa que era casi capaz de girar en su propia circunferencia. Kretzner equipó cada rueda con un freno y un diferencial de deslizamiento limitado automático aseguró una propulsión hacia adelante distribuida uniformemente incluso en nieve profunda.

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El T1 estaba propulsado por un motor bóxer estándar 34 CV y ​​una cilindrada de 1.2 litros. Sin modificaciones es este aspecto, el “zorro semioruga” de Volkswagen alcanzó una velocidad máxima de 35 km/h (22 mph), lo que lo hace sólo un poco más lento que el animal que lleva su nombre.

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Este modelo único rara vez se vio después de que terminó la producción hasta 1985, cuando apareció en Viena. A principios de los años 90 fue adquirido por el Museo Porsche de Gmünd y luego pasó a manos del ‘Bullikartei eV’, una sociedad de amantes de la primera generación del Volkswagen Bulli.

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En 2018, Volkswagen Classic Vehicles tomó posesión del “Fox” y expertos ingenieros iniciaron un minucioso proceso de restauración. La carrocería se despintó, se reparó, se le dio una capa de inmersión catódica y se volvió a pintar en el original y llamativo naranja mate.

La mecánica fue reconstruida hasta quedar como nueva, mientras que en el interior a los ingenieros se les dio libertad creativa ya que existían pocas especificaciones. En 2022, el semioruga Fox volvió a salir a las pistas, listo para dominar cualquier terreno que se interpusiera en su camino, tal y como se lo había impuesto su creador.