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Doodlebug, el “camión futurista” de Texaco que marcó una época

El Doodlebug fue uno de los camiones cisterna "aerodinámicos" más radicales y futuristas diseñado por la propia compañía petrolera Texaco.

Texaco-Doodlebug

A principios de la década de 1930, Texaco, empresa petrolera estadounidense fundada en 1902,  contrató a dos diseñadores industriales, Norman Bel Geddes y Walter Dorwin Teague, para crear una imagen de marca que resaltara frente al resto de la competencia.

Juntos, le dieron forma a la famosa estrella T roja de Texaco y el logotipo de letra mayúscula. También diseñaron los uniformes blancos de los asistentes y la arquitectura y los esquemas de color de las estaciones de servicio.

Por aquel entonces, los camiones de Texaco –al igual que el resto de las compañías de misma índole– estaban repletos de carbón y petróleo, por lo que solían estar sucios, cubiertos de polvo, mugre y residuos. La compañía quería presentar una imagen más limpia y progresiva.

Así fue que en el estado de Alabama los encargados de tamaño proyecto construyeron un número desconocido de estos camiones cisterna futuristas denominados Doodlebug. Al parecer, algunos transportaban nafta, mientras que otros una especie de combustible para calefacción.

Texaco y su Doodlebug

El primer dibujo de la patente de diseño data de abril de 1933, y muestra tanques individuales a lo largo de la carrocería, los cuales se llenaban por separado desde la parte superior.

Más allá de su funcionalidad para la aplicación, el Texaco Doodlebug fue un camión con un diseño muy importante por varias razones. Básicamente, borró todos los vestigios de la arquitectura de automóviles y camiones de la década de 1930. No había guardabarros, ni capot, ni estribos, ni parabrisas plano o vertical.

La cabina se mezcló con el diseño general, siendo todo una sola pieza. El conductor de Doodlebug se sentaba por delante de la línea central del primer eje, con una suspensión “seca” que entregaba muy poco confort.

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El camión de Texaco montaba cristales laterales curvos y un parabrisas de curvatura compuesta, para luego estrecharse hacia la parte trasera con una considerable caída ininterrumpida. Ambas características eran muy inusuales por esa época, donde reinan las formas cuadradas. Sin embargo, era la altura del Doodlebug lo que sorprendió al mundo: apenas superaba los 1,8 metros.

Mecánicamente, las carrocerías Doodlebug fueron construidas por Heil en Alabama, utilizando un chasis Diamond T, con un motor Hércules de seis cilindros montado longitudinalmente en la parte trasera, un radiador grande detrás y una caja de cambios de cuatro velocidades. Debido a que el conductor no podía escuchar el motor, Heil montó un micrófono en el compartimiento del motor y un altavoz en la cabina para saber cuándo era mejor insertar una marcha.

La mayoría de los registros relacionados con los Doodlebugs parecen haberse perdido. Ni las propias compañías, Texaco y Heil, saben cuántos modelos se construyeron o dónde prestaron servicio.

Texaco-Doodlebug