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San Valentín, los choferes y el amor incondicional por sus camiones Iveco

Celebrando el Día de San Valentín, transportistas cuentan sus historias arriba de sus camiones Iveco: apodos, tatuajes y momentos que quedaron en su retina.   

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Bajo el contexto de San Valentín, y en palabras de choferes y amantes del transporte, los camiones no son sólo vehículos sino también testigos y participantes activos en jornadas laborales y travesías personales de sus conductores.

En ocasiones, los transportistas poseen un vínculo emocional con ellos, donde la confianza, el rendimiento y la eficiencia se entrelazan en una combinación perfecta. Esta relación especial se construye sobre la base de la fidelidad de los vehículos y su capacidad para superar desafíos, ofreciendo soluciones a todo tipo de negocios. Es por eso que muchos festejan San Valentín también con su unidad.

Los camiones Iveco y el vínculo con sus choferes en el día de San Valentín

Nicolás Torres, encargado general de la empresa Tres Torres dedicada al transporte de papa a granel, conoció a Iveco hace casi 16 años. Su vínculo con las unidades se forjó con el paso del tiempo, destacando principalmente la accesibilidad del servicio de mantenimiento y la robustez de los vehículos.

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“Su fortaleza es vital, más para nosotros que los usamos para trabajar en el campo y caminos complejos. Además de conseguir los repuestos en cualquier lugar del país, lo que más me gusta de los Iveco es su nobleza, es un camión que te acompaña sea la ruta que sea”, explicó Nicolás que hoy maneja un Tector Autoshift.

Si hablamos de San Valentín y amor incondicional es imposible dejar de lado la historia de Damaris Bär, nacida y criada entre familia de camioneros. Oriunda de la localidad de Leandro N. Alem y viviendo actualmente en Posadas, Damaris trabaja para Transporte Don Eugenio trasladando contenedores desde Misiones a todo el país y cuenta que su pasión por Iveco comenzó cuando a sus 24 años realizó su primer viaje en solitario arriba de un Stralis 380.

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“Lo miro y es como ver al amor de mi vida. Pocas personas pueden mirar a un camión de la forma que yo lo hago. Me tiene tan enamorada que le digo ‘mi bebecito’. Si le realizas el mantenimiento adecuado y le das cariño va a andar de maravilla, es fiel”, confesó.

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Para Bär es más que un vehículo, es su gran amigo. Incluso ha llegado a recomendar la marca a otros colegas, quienes conocen su afecto por los camiones Iveco. “Cuando me preguntan por el funcionamiento de mi camión siempre les digo que además de su lealtad y comportamiento en ruta, sus repuestos se consiguen en todo el país”, manifestó.

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Para muchos choferes su unidad es más que un camión, es su segunda casa, su gran amigo, su único fiel compañero, el que siempre está y no te abandona en la ruta. El vínculo entre ellos es tan fuerte que ni el paso de los años logra separarlos. Pero es tal el amor que sienten que algunas personas decidieron tatuarse su Iveco en el cuerpo. Cupido y San Valentín en su máximo esplendor.

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Este es el caso de Hernán Vidaurre, transportista de la empresa La Sevillanita, oriunda de Tucumán, que realiza envíos de paquetería a Buenos Aires, quien decidió tatuarse su camión en el brazo tras 11 años de conducción.

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“Hace 11 años que manejo un Stralis HD 380, soy fanático de este camión porque lo conozco al detalle y nunca me dejó tirado en la ruta, por eso desde hace 5 años que lo tengo tatuado”, manifestó Vidaurre quien confesó que intentaron darle un camión nuevo pero él se negó. “Me han ofrecido unidades más nuevas pero dije que no, no lo dejo por nada”, agregó.

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Otro apasionado es Jorge Aguirre (imagen principal de la nota), chofer del Expreso Rivadavia quien siempre condujo camiones Iveco. En su caso, tomó la decisión de llevar el Cursor 330 en la piel. Otra prueba para celebrar San Valentín.

“El camión en su totalidad es hermoso. Tatuármelo es tener un recuerdo para toda la vida del camión con el que salgo a la ruta desde hace 9 años y que es mi segunda casa, convivo con él todos los días”, afirmó Jorge. Hoy en día,  atestigua que nunca tuvo inconvenientes en los más de 1.200 kilómetros que recorre diariamente.