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Rápido y furioso de antaño

El Mercedes Renntransporter no incluía ninguna característica de otros modelos comerciales producidos por la casa alemana y para construirlo no se fijaron en gastos.

 

El 13 de mayo de 1950 comenzaba la historia oficial para la Fórmula Uno con la disputa del primer Gran Premio por el campeonato del mundo. La cita fue en Silverstone, Gran Bretaña y a partir de allí comenzó una trayectoria para la categoría más importante del mundo que superó ya las 1.000 carreras. Por aquellos años, el compromiso de las marcas era tanto o más importante que en la actualidad y Mercedes-Benz se destacó en su llegada a la F1 por sus inolvidables Flechas de Plata.

 

Los modelos Mercedes W196 de ruedas descubiertas o carenadas, así como el Mercedes 300 SLR que participaba en torneo World Sportcar, eran las máquinas a vencer al incorporar lo mejor de la tecnología que había en ese momento. Pero, para el caso que necesitaran asistencia mecánica, no siempre los mecánicos del equipo podían solucionar las fallas debido a su sofisticación. Cuando era necesario realizar algún ajuste importante, había que dirigirse directamente en la planta de montaje de M-B, en la base operativa de Stuttgart, y entonces allí se justificaba el empleo del Renntransporter.

 

Diseñado expresamente para cumplir con esta función, el Mercedes Renntransporter no incluía ninguna característica de otros modelos de furgón producidos por la casa alemana y para construirlo no se fijaron en gastos. En lugar de emplear un vehículo comercial, se basó en un chasis de Mercedes 300, que modificaron, reforzaron y alargaron. Sobre ese chasis de largueros y travesaños se construyó un carrozado completamente artesanal. El interior de la furgoneta fue sacado de un Mercedes 180, otra berlina de mediados de los años ’50. La cabina sobresalía casi dos metros por delante del eje delantero. Su altura era de 1,75 metros, para ganar en penetración aerodinámica, en tanto que el motor era un tres litros y seis cilindros en línea de inyección directa, sacado del Mercedes 300 SL (sí, el mismo del más importante superdeportivo de la época) y que era capaz de desarrollar 192 CV a 5.500 rpm. Con esto, el Renntrasporter podía alcanzar los 170 km/h y, gracias a un tanque de combustible de 150 litros de capacidad, obtenía una autonomía de 500 km (el consumo medio era de 25 litros cada 100 kilómetros).

El largo total del vehículo era de 6,75 metros, medía 2 metros de ancho y pesaba (sin su carga) 2.100 kg, mucho menos que algunos SUV actuales de Mercedes-Benz.

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